Por qué cobramos nuestro trabajo. Amateur vs Profesional

Siempre defiendo que todos podemos dibujar y que aprender a hacerlo es simplemente querer, ya que me topo con mucha gente que le gustaría pero no se atreve. Pero recientemente, leyendo a otros compañeros ilustradores, quienes se quejan que no se valora su trabajo, que se piensan los demás que cualquiera “puede hacer un dibujito” o lo que haces en 10 minutos por gusto no deberías cobrarlo, me hace replantear que aunque por un lado se vea el muy difícil dibujar, hay otra parte contradictoria que NO valora el hecho que SEPAMOS hacerlo.

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¿Alguien sabe el nombre del dibujante de esta tira?

Por eso quiero  diferenciar entre dibujar de forma amateur y dibujar (diseñar, ilustrar, etc) como profesional. Este post es en defensa de mi profesión y se lo debo  a mi trabajo, a mis colegas dibujantes y a mi misma.

Se trata evidentemente de una visión totalmente personal, basada en mi experiencia y conocimientos como artista.

Todos nacemos creativos, está en nuestra naturaleza

Así como podemos escribir, podemos dibujar y cantar entre otras cosas. Tenemos esa capacidad. Escribir es algo que seguimos haciendo porque es la manera de comunicarnos en el colegio, luego en la Universidad y en general, en casi todos los ámbitos de nuestra vida. Pero dibujar (como cantar) es algo prescindible según nuestra educación actual que hace que poco a poco el niño vaya dejando de hacerlo, haciéndole notar que no lo hace bien, comparándolo con otros que lo hacen mejor (o con adultos) y que dibujar a su edad ya no toca hacerlo. Se piensa que estas actividades infantiles no son propias de los adultos, por lo que se le enseña que  debe centrarse en cosas más serias  que le servirán para el futuro. Así el niño comienza a tener vergüenza de sus propias creaciones y deja de hacerlo, pensando que lo que hace está mal y feo o poco apropiado y muchas veces, ni siquiera sigue en su intimidad.

Lo mismo ocurre cuando crea muñecos con plastilina, colorea, aporrea instrumentos, inventa historias, crea personajes… Muchas veces vemos como los adultos “corrigen” por el bien estético o por el “sentido común” destruyendo lo que el niño creó. Aprendemos que lo que inventamos y sale de nosotros está mal, porque somos pequeños y no tenemos experiencia y eso se traduce en que no valemos lo suficiente. Vamos creciendo con esta idea, pensando que los demás son mejores que nosotros. Cuando somos adultos y nos tenemos que enfrentar con la creatividad, con eso que aprendimos que no era para nosotros y que hacíamos mal, vuelve la vergüenza infantil y el yo no puedo o el no tengo el don…

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Hace poco hice un curso introductorio sobre “El color y las emociones en el dibujo infantil” de mano de la grafopsicoterapeuta Judit Cueto a través de su web Garabatos y Dibujos. En él explicaban que los niños desde los 4 a los 7 años de edad aproximadamente hacen un uso emocional del color, pintando  los objetos tal y cómo lo sienten, dejando de lado el color real, como un gato azul, un sol verde… Es a medida que crecen que van incorporando “realidad” a sus creaciones. ¡Cuánta información sacaríamos de estos dibujos si dejáramos de pensar que el niño pinta “mal” y supiésemos leer entre líneas. ¿Cuántas veces hemos oído a adultos preguntarle a los niños “¿porqué has dibujado una pizarra rosa, no ves qué es negra?”, creándoles inseguridad y matando su expresión. A mi particularmente, recuerdo que una profesora de primaria me hizo repetir un ejercicio creativo sólo porque a ella no le gustaba.

Con esta educación artística tan deplorable, es normal que nos convirtamos en adultos con la creatividad y el ingenio estancados y con miedo a probar y experimentar.

El dibujante amateur

Por suerte, nunca es tarde para aprender a dibujar. Podemos hacerlo yendo a clases de dibujo, u online (recursos gratuitos aquí). Sea cual sea nuestro caso, si queremos dibujar lo mejor que podemos hacer es ponernos, ya sea que pensemos que somos malos o que nunca llegaremos al nivel X que nos hayamos impuesto. Simplemente hacerlo :).

Dibujar como hobby, como algo placentero es realmente estimulante. Nos ayuda a destapar otras facetas creativas de nuestra vida, a reconciliarnos con ese niño interior reprimido, y a conocernos mejor a través de nuestras creaciones. Si quitamos lo que está “feo” de lo que está “bonito”, (ese juicio que lo único que hace es limitarnos) podemos hacer del dibujo una herramienta positiva para nosotros y cómo método para volcar y vaciar nuestra mente. Lo más importante es disfrutar del proceso mientras poco a poco se van adquiriendo las técnicas y la destreza.

El dibujante profesional

En el caso del dibujante profesional, aunque es fundamental ver en el dibujo el lado placentero (se tiene que trabajar de otra manera, ya que el dibujo forma parte también de su trabajo y esto dificulta el disfrute), éste tiene que formarse como tal. Hay muchos ilustradores que se formaron de manera autodidacta, mientras que otros prefieren estudios reglados. Realmente, sea cuál sea la manera que escojamos, vamos a tener que formarnos en unos temas determinados y tendremos que ser autodidactas toda nuestra vida, ya que no dejamos de aprender nunca.

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El profesional debe conocer de técnicas (digitales, tradicionales o ambas), de anatomía, de perspectiva, de composición de la imagen, de iluminación, del color y sus usos, etc  Debe comprender cómo funciona una imagen, qué tipo de ilustración encaja en el sector en el que se quiere especializar, etc Su formación debe ser mucho más amplia, dedicándole varias horas al día.

No sólo acaba ahí su formación, debe realizar un trabajo excepcional, tanto en la forma de hacerlo como en el producto final que entregue al cliente. Puede trabajar de forma freelance o para una agencia o empresa, en la que debe cumplir con los plazos de entrega y con horarios. En el caso que trabaje por cuenta propia, aparte de hacerse cargo de gastos fijos al mes que no sabe si podrá cubrir (seguridad social, la luz, agua, internet, etc), debe aprender a captar clientes y tratar con ellos, comprendiendo e interpretando qué necesita o requiere para poder ofrecerles un mejor servicio. Debe saber cómo cobrar su trabajo, realizar presupuestos y contratos, saber venderse y promocionarse, crear un artbook atractivo, detectar nichos de mercado, etc . Es decir, necesita comprender cómo funciona su profesión, a la vez que realiza una introspección y se conoce a sí mismo.

Mientras que el dibujante amateur no debe preocuparse por los resultados obtenidos, ya que éstos irán mejorando con el tiempo a medida que  va practicando, el profesional sí debe hacerlo de manera consciente. Éste último debe aprender más rápido, pulir su técnica para poder producir más en menos tiempo y conseguir más clientes (su tiempo también vale dinero, como cualquier otro profesional).

Hay mucho trabajo detrás de todo ilustrador profesional, que no vemos, porque tenemos la misma visión romántica del dibujante amateur, que dibuja en sus ratos libres y relajado (esperando a estar inspirados inclusive), cuando la realidad no es así. La ilustración es una profesión que exige unos horarios, facturas que pagar, ir detrás de clientes morosos y la mayoría de las veces mantener una familia.

Los ilustradores profesionales no esperan para estar inspirados para ponerse a trabajar, deben hacerlo siempre, siguiendo los horarios que se hayan establecido y cumpliendo plazos de entrega. Parte de nuestro trabajo es también mantenernos inspirados siempre que podamos y saber cuándo parar y recargar las pilas.

Cuando el profesional lo es y se comporta como amateur

El dibujante que lo hace por placer, se siente altamente reconfortado cuando valoran su obra, hablan de él, le “piden” un dibujo gratis o incluso cuando le dicen que su estilo se parece al de tal artista. El amateur se expresa artísticamente, le sirve como momento de estar consigo mismo, de desahogo, y para aumentar su autoestima. Si ese trabajo encima es bien acogido por los demás y valoran su evolución, se sentirá mucho más seguro.

Ahora bien. El profesional no dibuja para recibir buenas críticas de los demás. Aunque las reciba porque es muy bueno, no es el cometido final, sino el de que le paguen por dibujar o diseñar. No se nos puede comprar con elogios y publicidad gratuita, o como ya he visto alguna vez, concursos cuyo premio es que tu ilustración sea la portada de un libro infantil (¿hola? ¿mi premio es que te aproveches de mi trabajo?) Incluso, que digan que nuestro estilo se parece al de otro artista puede llegar a ser insultante (y mucho neófito lo hace sin mala intención, pensando que te elogia, cuando en realidad lo que buscamos es diferenciarnos de los demás).

No dibujamos para expresarnos únicamente sino para retransmitir de la forma más fiel lo que nuestro cliente nos pida. Esto no significa que nuestros trabajos sean fríos y carentes de emociones o personalidad. Como ya comentaba en el post del estilo artístico, nuestra forma de trabajar y nosotros mismos estamos presentes en nuestros trabajos, hasta en el diseño más publicitario o empresarial que hagamos, ya que es nuestra interpretación de algo existente. Pero para poder interpretar lo que el cliente quiere, necesitamos formarnos. De la misma manera que elegiremos trabajar en temas con los que nos sintamos identificados, seguros y que vayan con nosotros y no en contra de nuestras creencias o principios.

Muchos ilustradores, aparte del trabajo profesional, por su cuenta crean ilustraciones personales que también añaden al portafolio y que también les traen más trabajos. Un ilustrador no deja de ser artista y sabe cómo expresarse artísticamente. En estos casos, hay también un factor “profesional”, por lo que tampoco estamos hablando de dibujar por amor al arte, es decir, regalar tu trabajo porque disfrutas haciéndolo.

Sí, amamos el arte, la creación y nuestro trabajo, pero eso no significa que no cobremos por ello.

¿Qué pasa con muchos ilustradores que empiezan?

Es el caso de muchos de nosotros sobre todo cuando empezamos y no nos tenemos confianza, nos sentimos abrumados por todos esos artistas que admiramos y que todavía vemos muy lejanos.

Es la situación del ilustrador que quiere ser profesional, incluso se define así, pero se comporta como amateur. Se trabaja gratis o muy barato pensando que la aprobación de gente que no tiene ni idea y que le dice de  poner su nombre en los carteles, es un premio que encima le ayudará a ser “famoso”. Piensa que los demás le hacen un favor haciéndole un encargo, sin darse cuenta de que ellos se van a beneficiar de lo que haga sin sacar absolutamente nada, bueno algo si , la sensación de que abusan de uno y de su trabajo.

Este tipo de semiprofesionales son los favoritos de los caraduras, de los ya te pagaré cuando seamos famosos o con esto todo el mundo verá tu nombre y te contratarán. Esta situación es confusa para los ilustradores que empieza, que todavía mantienen el chip amateur de buscar el elogio y la aprobación. Este tipo de clientes, que realmente no valoran su trabajo, “llaman” a más clientes que harán lo mismo (hacerle favores para que otros le contraten) y el ilustrador  mientras tanto a crear gratis esperando que alguien se fije en él. Pensemos que  estos aprovechadores (prefiero llamarlos así) que le están calentando la oreja, la mayoría de las veces ni siquiera piensen que su trabajo sea bueno, lo hacen únicamente para tenerlo contento y que siga trabajando gratis. Les vale cualquiera que lo haga sin cobrar, sea malo o bueno. Si realmente apreciaran, como dicen, lo que hace  lo pagarían sin ponerle pegas y lo recomendarían a sus conocidos sin que ésto último sea parte del pago prometido.

La ilustradora española Bea Tormo lo explica de esta forma tan divertida y acertada:

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La solución para salir de esa situación es en primer lugar, vernos realmente como profesionales, para que los demás puedan vernos de la misma manera. No importa que no tengamos aún suficiente experiencia, es más, nos daremos cuenta que todos empezamos con muchísimas lagunas y que aprendemos sobre la marcha, así que no hay que tener miedo de empezar a rodar. En segundo lugar comprender cómo funciona la profesión de ilustrador, saber cuáles son nuestros derechos y obligaciones. De esta manera podremos poner límites, cuidaremos lo que produzcamos y nos valoraremos mejor como profesionales.

A quién se encuentre en esta situación, buenas noticias: hay sitios online muy buenos que tratan todos estos temas en profundidad y que facilitan a su vez más recursos. También es muy recomendable entrar en contacto con Asociaciones de Ilustradores y saber si tu ciudad cuenta ya con una.

Ilustrando dudas– Nació de la mano de la ilustradora Io Bru. Como ellos mismos se definen en su web: “Es una plataforma on-line que se dedica a informar, formar y asesorar a los ilustradores noveles que están empezando su carrera como ilustradores freelance en España o en Latinoamérica, con el objetivo de mejorar la realidad profesional de nuestro sector y facilitar a los nuevos ilustradores su incorporación como profesionales serios y bien formados.” Tienen también canal de youtube y página en Facebook (muy activa).

Guia ninja del ilustrador– Desde AGPI  (Asociación Galega de Profesionais da Ilustración) nos llega este maravilloso documento como “kit de supervivencia” para el ilustrador freelance en el que abarca todos los temas pertinentes. Aunque los distribuyen en papel, pueden descargarse de manera gratuita en formato pdf en la misma web, tanto en gallego como en español.

Nuevo Libro blanco de la Ilustración– El libro por excelencia de todo ilustrador y de obligada lectura. Sumamente completo y extenso, es más que una guía que se puede descargar de forma gratuita en pdf

¿Y esos ilustradores qué son muy buenos y qué no tienen el trabajo que se merecen y otros más mediocres si lo tienen?

Hay otros casos de ilustradores semiprofesionales, o profesionales comportándose como amateur, un poco distinto al anterior. Es aquel que ha alcanzado muchísima técnica y destreza, inclusive son conocidos por Internet, con muchos seguidores en Facebook o Instagram y cada ilustración recibe, además muchísimos comentarios de elogios de fans.

No es el caso de todos, pero los hay que con semejante portafolio no consigue trabajo como ilustrador y se quejan, ya sea porque nadie está dispuesto a pagar lo que vale realmente la ilustración, porque ninguna empresa o agencia los contrata o el motivo que sea.  Alguno, incluso, consigue vender algún tipo de merchandising en alguna web tipo Society6, pero que realmente no le da para mantenerse y necesita otro trabajo, convirtiéndose la ilustración en un hobby (en el que es muy bueno, pero en un hobby al fin y al cabo).

¿Porqué pasa esto? Ocurren dos cosas, en primer lugar es posible que el ilustrador no haya salido de la necesidad amateur de buscar el elogio y utilice su trabajo para inflarse el ego. Por otro lado, que es de hecho la razón principal,  no conoce su profesión.

Por eso es importante la formación en ambas direcciones. No vale sólo ser bueno y dibujar porque sí para que alguien te compre, te contrate o te haga un encargo. Hay que trabajar muchos frentes, que desgraciadamente el que se encuentre fuera del ámbito creativo, es incapaz de ver.

Conclusión

Siendo esto un pensamiento personal pero lógico para mi, es que el hecho de que nos enseñaran a desvalorizar nuestras creaciones desde pequeños, es el mismo motivo que hace que no valoremos luego el trabajo creativo de un profesional. Lo seguimos viendo como algo de niños, un juego que algunos adultos no dejaron de jugar y que les divierte. Por eso, también el hecho de que se piensen que dándonos un encargo sin cobrar y haciéndonos publicidad a cambio, nos hacen un favor. Realmente pienso que si todos desarrolláramos nuestra creatividad, ya lo hagamos mejor o peor, con más o menos talento y sin enjuiciar, se valorarían mejor estas profesiones como son las de ilustración, diseño, fotografía, escritura, música, etc.

Por otro lado, está el hecho de que no se valora todo ese conocimiento adquirido, de los fallos y los aciertos, de experiencias anteriores con otros clientes, libros leídos y estudiados… Aprender y saber hacer nuestro trabajo no es algo fácil ni placentero siempre, nos toca entrar en temas aburridos, desagradables, pesados y tediosos, así como muchos  estimulantes y divertidos (como cualquier profesión). Cobramos por los que SABEMOS hacer, no por lo que HACEMOS. Como regalito por haber llegado hasta el final del post, os dejo este artículo de la web Emprendices que habla justamente  de cobrar por lo que sabemos. 🙂

 

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Una buena respuesta a cuando oyes estos comentários negativos para ti, es ver por preguntarles por su profesión si su trabajo lo harían gratis….

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  2. Exacto, nadie hace su trabajo sin cobrar 🙂 Gracias por comentar.

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  3. Miquel dice:

    Hay que educar al cliente, y eso es tarea del profesional. Si muchos de los profesionales se “bajan los pantalones”, en cierto modo están favoreciendo esas actitudes. Los profesionales deben ponerse firmes.

    Le gusta a 1 persona

    1. Así es. Para poder educar al cliente primero debemos nosotros mismos conocer nuestra profesión. Creo que la mayoría de las veces, este abuso por parte de los clientes vienen de no conocer cómo funciona nuestro trabajo, qué derechos y obligaciones tenemos, etc Gracias por comentar 🙂

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